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El sueño y la locura


Un lugar perfecto para ENTENDER la vida
A menudo la gente me dice que estoy loco por haber dejado un trabajo estable, con un buen sueldo, coche de compañía, y todas las seguridades del mundo como un plan de pensiones, seguro médico, etcétera, para cumplir mi sueño de "viajar para vivir y no vivir para viajar", como me sucedía hasta entonces; a lo mejor tienen razón, pero yo nunca me he sentido tan cuerdo como el día que decidí romper amarras con una vida rutinaria y me eché a navegar por la Vida, con todos los inconvenientes y peligros que ello supone, pero también con todas las satisfacciones inconmensurables que supone no saber lo que te va a deparar cada nuevo día, puede ser un amanecer hermoso, el canto de un pájaro que nunca antes habías oído, una playa de arena blanca resplandeciente, un baño refrescante en una cascada, o 5 minutos de conversación con un paisano que te enseñan más de la vida que un Master; yo siempre digo que la mejor escuela es la calle, la mejor universidad viajar, y el mejor master sentarse en un lugar mirando al infinito y ENTENDER la Vida. Ya sea un loco o un soñador, como decía John Lennon, "maybe I'm a dreamer, but I'm not the only one", "quizás sea un soñador, pero no soy el único". Todo esto viene a cuento por un lugar en el que estuve el otro día, en Queensland, llamado Paronella Park, que demuestra que los sueños más locos son realizables.


El castillo de Paronella
José Paronella nació en Cataluña en 1888, en una familia pobre, y un día oyó hablar de un lugar muy lejano llamado Australia, y en vez de irse a hacer las Américasy, se vino con lo puesto a Australia en 1913, con 25 años. Trabajó duramente cortando caña de azúcar en Queensland, y luego comprando y vendiendo fincas. Hizo una fortuna y regresó a España en 1925 para casarse con su novia, pero como en 12 años no había sabido nada de él, se había casado, así que José se quedó rico, compuesto y sin novia, pero finalmente se casó con Margarita, la hermana menor de su prometida, y con ella regresó a Australia. En 1914 había visto un hermoso lugar llamado Mena Creek, con una cascada y una laguna, y lo compró para realizar su sueño, construir un castillo de estilo español en la finca.


Una de las arboledas del parque
Primero construyó una casa pequeña y enseguida comenzó a levantar el castillo con sus propias manos; los vecinos pensaban que aquel hombre estaba loco cuando empezaron a ver almenas y torres despuntar entre la vegetación. El trabajo era ímprobo, y tuvo que construir una escalinata de piedra de 40 metros para acarrear la arena sacada del río, así como un túnel de 25 metros en una colina para sacar la piedra. Por si eso fuera poco trabajo, plantó más de 700 árboles de diferentes especies, que hoy se alzan majestuosos en la finca. Otra de sus "locuras" fue construir en 1933 la primera central hidroeléctrica del norte de Queensland, aprovechando el ímpetu de la cascada, y una vez más los vecinos alucinaron cuando un día el parque y el castillo, que estaba pintado de rosa, se iluminaron como si fuera día mientras ellos utilizaban velas y lámparas de carburo.

Pero su sueño no era egoista, y José quería compartirlo con sus vecinos, así que en 1935 abrió el castillo al público, y construyo un teatro donde proyectaba películas todas las semanas, que se convirtió en el centro social de la zona; también construyó unas pistas de tenis y quiso convertir el túnel que había en la colina en un acuario subterráneo, pero las continuas filtraciones de agua lo hicieron desistir, así que el túnel pasó a llamarse "el túnel del amor", donde las parejas se despistaban de sus progenitores, y seguían un camino donde había cascadas y pequeños rincones para entrar en calor; lo que sí hizo fue colocar una enorme bola con 1270 espejitos en el techo del teatro, iluminada con proyectores de luz que creaban un efecto que es el que ahora disfrutamos en las discotecas cuando bailamos.


Las pistas de tenis
En 1946 el desastre llegó en forma de tromba de agua, ya que unos operarios que habían limpiado una finca río arriba, dejaron los árboles al borde del río; llegaron las fuertes lluvias monzónicas de esta zona de Australia, y arrastraron los troncos hasta un puente ferroviario, que los detuvo; el agua dejó de fluir, y José intuyó que algo grave sucedía cuando el sonido de la cascada desapareció; en menos de 1 hora, la barricada formada por los árboles arrasó el puente ferroviario, y una tromba de agua se llevó por delante el teatro, las pistas de tenis y la central hidroeléctrica; por suerte la casa no fue dañada porque estaba en la zona alta de la finca, aunque el nivel del agua subió 10 metros. Los daños eran enormes, pero José era un hombre determinado, y comenzó la reconstrucción inmediatamente; incluso añadió una hermosa fuente que me recordó a las fuentes árabes de La Alhambra.


La fuente árabe
Desgraciadamente, José no pudo disfrutar mucho del renacimiento del Parque Paronella, porque en 1948 murió de cáncer. Su viuda y sus 2 hijos continuaron su obra, pero varias inundaciones naturales en 1967, 72 y 74, les obligaron a vender el parque, que continuó abierto hasta 1977, cuando un fuego quemó el castillo. El parque permaneció cerrado varios años, hasta que 2 viajeros que pasaban por allí, Mark y Judy Evans, se quedaron prendados del lugar, lo compraron, rehabilitaron y abrieron al público de nuevo, con el slogan "el sueño continúa"; el parque ha ganado varios premios de turismo, y es realmente una delicia sentarse en el jardín de la casa, ahora convertida en Salón de Té, y disfrutar del sonido de la cascada, ver gigantescas mariposas Ulysses de un intenso color azul turquesa, y pasear por los caminos donde los árboles plantados hace 70 años por las manos de José se elevan rectilíneos al cielo; uno se detiene en el camino, mira a su alrededor, y piensa "quizá estaba loco, pero ¡¡qué hermosa locura!!, que la podemos disfrutar 70 años después"

¡¡Hasta Pronto!!,

Desde Darwin, Territorio del Norte, Australia

Publicado: 11/04/2002 10:11

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