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deportes extremos y viajes autónomos 
Hace ahora seis meses que buscaba desesperadamente un tema, una aventura, una sensación sobre la que enfocar el reportaje que sobre deportes extremos y viajes autónomos (como me gusta llamarlos) escribo cada semana para el grupo Correo. Cuando ya desesperaba, se dio la circunstancia de que en algún rincón del ciberespacio encontré a Carlos, un vagamundos de origen gallego que se esforzaba por contar a todo el que le quiera escuchar las vicisitudes que le acontecían en el transcurso de su apasionante cuarto de vuelta al mundo. Tras una curiosa entrevista vía chat, él desde un cibercafé, creo recordar que en Costa Rica, y yo desde Bilbao, entablamos una bonita amistad interactiva. Carlos se convirtió entonces en aquel amigo lejano (siempre dispuesto a responder a tus e-mails) al que puedes contar todo lo que aquí ocurre y tú no alcanzas a entender, y también en aquel genial narrador, con alma de cuentacuentos, capaz de relatar con maestría las más peculiares andanzas que le sucedían y dejar ensimismados a miles de atentos y pacientes navegantes. Meses después, cuando Carlos puso fin a su valiente singladura, nos reunimos en Bilbao para charlar sobre Vagamundos 2.0, la aventura que ahora nos ocupa. Y es que Carlos vuelve a la carga y me ha pedido (para mi es un honor) que corte las amarras de este foro viajero en el que a todos se nos brinda la oportunidad de compartir nuestras experiencias más excitantes a bordo de una web novedosa, atrevida y desbordante de ilusión. Y para cumplir con tal cometido, he rescatado unas líneas de la libreta que me acompañó durante un reciente viaje en bicicleta de montaña a través de las increíbles tierras del Atlas marroquí. Y dice así: "A media mañana enfilé un descenso veloz por una pista ancha y en muy buen estado. Un silencio sepulcral invita a la reflexión y al disfrute de un paisaje solitario, pero repleto de verdes matices. Aquí no hay coches, ni teléfono, ni luz, ni agua... sólo yo, el suave ronroneo de mi bicicleta y el sueño que durante meses he buscado: un remanso de tranquilidad, de intercambio y de mimetismo con un entorno desconocido, pero terriblemente humano y acogedor. Mientras pedaleo con fuerza y miro hacia atrás para ver la densa nube de polvo que mis ruedas levantan, siento estar viviendo un momento único, capaz de conciliar mi ansia viajera. ¿Es a esto a lo que llaman libertad? La respuesta (mi cuentakilómetros se acerca a los 50 Km/h y el viento del Atlas pone mi carne de gallina) quiere ser rotunda: sí."
Por: Josu | JOSUGALOPEZ[at]teleline.es | 05/11/01 03:31
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Re: deportes extremos y viajes autónomos 
Josu, Muchas gracias por tu aportación, es un comienzo inmejorable para esta sección de foros que pretender ser un buzón lleno de experiencias viajeras y vitales. Un abrazo Carlos
Por: vagamundos | carlos[at]vagamundos.net | 05/11/01 03:34
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